Hace casi cincuenta años Fidel Castro entró en La Habana victorioso, su ejército de pobres había derrotado la opulencia y la corrupción del régimen que existía en Cuba.
Era el momento de la esperanza, de la igualdad, del pueblo manejando al pueblo.
Pero algunos no querían la igualdad, no les convenía, o no la veían posible.
Y Fidel Castro desarrolló su gobierno socialista, casi aislado del mundo, y acosado durante varias décadas por el gobierno de Estados Unidos.
Obtuvo logros importantes, le dio cobertura médica a toda su gente, alfabetizó a toda su gente, logró un cierto grado de igualdad.
Pero por el camino impuso la represión y el autoritarismo: o estabas con el régimen, o estabas contra el.
Cerró las fronteras, encerró a su pueblo.
No es fácil medir con objetividad los logros y los errores del comandante Cubano, cada quien tiene su opinión; muchos coinciden en que sus intenciones iniciales fueron buenas.
Pero muchos piensan que sus resultados finales son malos.
Una cosa es cierta, la Cuba de Fidel Castro fue siempre, es aún, una Cuba dividida. Incluso en este momento de su retiro se sienten ya las voces que exigen el cambio, pero también las que exigen mantener el estado actual.
Lo más triste es que esta división no es solo una división ideológica, sino que se convirtió en la dolorosa división geográfica de un mismo pueblo.
En la práctica, existen dos Cubas, separadas por apenas 200 millas, una distancia menor a la que hay, por ejemplo, de México DF a Guadalajara.
Pero esta corta distancia es casi infranqueable, y divide familias y generaciones.
Una Cuba vive en la isla; son los que se quedaron, por miedo, porque no han encontrado la forma de irse, o porque aman a Fidel, creen en él y respetan “La Revolución”.
La otra Cuba vive en Miami y sus alrededores, principalmente; son ya casi cuatro generaciones de caribeños que no quisieron la vida de segunda que les ofrecía el Socialismo, y que no quisieron vivir bajo su represión.
Fidel Castro dividió a su gente; puede que el sea el dictador más querido de la historia, pero es un dictador; y ni la historia, ni mucho menos el pueblo de Cuba, olvidarán que partió a su país en dos.